Manuel Rodriguez Becerra

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, llegó a la presidencia en julio de 2022 con un discurso ambientalista fuerte en contra de los hidrocarburos, el cual contrasta con la posición ambiental de otros líderes de izquierda de América Latina que llegaron al poder de la mano de los recursos de la economía extractiva. Ese acento crítico se vió en su participación en la Cumbre del Clima (COP28), que se celebra este año en Dubai, Emiratos Árabes Unidos.

En esta Cumbre del Clima, que se realiza en el sexto país exportador de petróleo mas grande en el mundo, Colombia anunció que se adherirá al Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, un mecanismo que existe desde 2019 y que, por ahora, es el primer país continental en vincularse a él, más allá de las islas del archipiélago del pacífico, que son las más vulnerables a los efectos del cambio climático. En su discurso ante los otros mandatarios de la Cumbre, Petro entrelazó las desigualdades del cambio climático y la guerra en Gaza. 

La retórica de Petro en la COP28 ha indicado una agenda climática transformadora, pero ¿cómo se ha traducido esta retórica en las políticas ambientales y energéticas internas de Colombia? ¿Cuál es el papel del gobierno colombiano para influir en la política climática regional en América Latina?

Manuel Rodríguez Becerra fue el primer ministro de Medio Ambiente de Colombia desde 1993 hasta 1996 bajo el presidente César Gaviria. Hizo parte de la Comisión Mundial de Bosques y fue cofundador del Foro Nacional Ambiental (1998), una alianza de organizaciones no gubernamentales interesada en promover debates y reflexiones alrededor de la protección del medioambiente y el desarrollo sostenible. Publicó recientemente el libro Presente y futuro del medio ambiente en Colombia (2023)Para esta entrevista hizo un análisis sobre el discurso de Petro en la COP28, y la participación de Colombia en foros globales, y políticas climáticas en América Latina que muchas veces son diferentes o contradictorias.

Entrevista con Manuel Rodríguez Becerra

CAMILO ANDRÉS GARZÓN: Una de las apuestas grandes del gobierno de Colombia ante la COP 28 ha sido buscar que se acuerde globalmente un plan progresivo de eliminación de combustibles fósiles como uno de los consensos finales de ese foro. ¿Es realista pensar que logrará ese objetivo?

MANUEL RODRÍGUEZ BECERRA: La idea de lograr un compromiso mayoritario para suspender la explotación de carbono, petróleo y gas en fechas determinadas no iba a suceder en esta COP. El presidente Petro, por razones políticas muy respetables, dijo que Colombia se adherirá al Tratado de no Proliferación de Combustibles Fósiles, un tratado promovido en 2019 por las islas que están en mayor riesgo en el Pacífico. Es el primer país continental que ingresa en ese tratado, pero eso no garantizará que este encuentre grandes consensos, porque los países desarrollados se han negado reiteradas veces a establecer fechas concretas para no explotar más combustibles fósiles. 

Ya está el antecedente de que en la COP26 (2021) setenta y siete países se comprometieron a eliminar el uso y producción de carbón de forma gradual. El plan preveía que los países más desarrollados renunciaran al uso y producción de carbón para la década de 2030, y que los países más pobres lo hicieran en 2040. China e India propusieron esto, pero no es claro que realmente estos objetivos se vayan a cumplir, pues lo que muestran los datos es que el mundo va en la senda contraria. Son más los combustibles fósiles que se consumen hoy. 

Esto lo muestra el informe “The production gap” (2023), publicado por el Instituto de Estocolmo para el Ambiente, que plantea la tesis de que los veinte gobiernos responsables de más del 80 por ciento de las emisiones globales planean producir más del doble de combustibles fósiles, para 2030, de lo que sería necesario si se quiere mantener el límite de 1.5 grados Celsius. Según ese estudio, el mundo no va en camino a producir menos hidrocarburos, sino más. Las proyecciones son de una producción de un 460 por ciento más de carbón, un 83 por ciento más de gas y un 29 por ciento más de petróleo en 2030. 

Realmente, después de veintiocho COP realizadas entre 1994 y 2023, nunca ha habido un acuerdo formal para reducir el uso de combustibles fósiles en el mundo. 

CAG: ¿Cómo interpreta el impacto y los contenidos del discurso de Petro ante el foro de presidentes de la COP28, en el que asemejó la situación humanitaria en Gaza con los desplazamientos por cambio climático que se darán en todo el mundo, y dijo que “Hitler está golpeando en las puertas de los hogares de la clase media europea y norteamericana y muchos ya lo han hecho entrar”?

MRB: Petro tiene toda la razón en el tema de que en el futuro va a haber millones de migrantes por las consecuencias del cambio climático, eso es algo que hace bien en señalar y en lo que hay que seguir insistiendo porque es, correctamente, un desplazamiento que vendrá especialmente desde los países más vulnerables. No me parece, en cambio, tan acertado que esto lo combine con unas escenas sobre el sufrimiento en Gaza, pues es un problema muy diferente y con sus propias causas.  

Del mismo modo, sus comparaciones del ascenso de la derecha en Europa y Estados Unidos tampoco cayeron bien en la Cancillería Alemana, por ejemplo, que protestó contra el discurso por “hacer comparaciones crudas con la era nazi, y así relativizar el Holocausto”, como dijo en un comunicado. Es interesante que el gobierno de Colombia, en el discurso que se produjo por escrito basado en la intervención que dio Petro, quitó esas alusiones que hizo el presidente a Hitler y a Gaza, con lo que creo que hay una falta de transparencia increíble. 

Otro punto que dijo el presidente Petro en ese discurso es que logró bajar la deforestación en la Amazonía en un 70 por ciento con recursos propios, lo cual no es del todo cierto porque Colombia viene recibiendo recursos importantes de cooperación internacional desde Noruega, Gran Bretaña, y Alemania para este propósito. Pero, en general, para los donantes es una buena noticia que esos recursos que están dando sí se estén traduciendo en datos efectivos de reducción de la deforestación. 

Ahora, por ahora es muy temprano para considerar esa reducción como definitiva, y sigue siendo coyuntural. Lo que necesitamos saber del plan de Gobierno es si realmente va a bajar la deforestación de forma sustantiva o no. Hay que recordar que en el periodo del presidente Iván Duque, su antecesor en el poder, el daño ambiental de los bosques bajó muy sustancialmente, pero para el año siguiente volvió a subir violentamente, por lo que celebrar la reducción en un año no es definitivo. Creo que los países donantes le hacen un seguimiento muy cuidadoso para que el gobierno pueda cumplir estas metas de manera duradera.  

CAG: ¿Cómo evalúa el énfasis que le ha dado el gobierno de Gustavo Petro precisamente a esa reducción de la deforestación amazónica?

MRB: Hace bien el Gobierno de Gustavo Petro en enfocar sus esfuerzos en debilitar la deforestación en la cuenca amazónica y en buscar una cooperación internacional activa para detener la deforestación en esta cuenca. No solamente en relación con el cambio climático, sino porque es la región con la mayor biodiversidad del mundo, por lo que tiene un gran significado proteger los bosques amazónicos y proteger las fuentes hídricas superficiales. 

Otro gran anuncio que ha hecho Colombia es el de la Ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Susana Muhamad, que presentó la Estrategia Nacional de Restauración, la cual plantea la meta de restaurar más de 753 mil hectáreas al 2026 en el país, la más ambiciosa que se haya trazado algún Plan de Desarrollo. Es una meta ambiciosa, pues Colombia tenía una meta de restaurar un millón de hectáreas en esta década al 2030, y el gobierno Petro ha propuesto realizar 750 mil a 2026. El punto es si va a tener la capacidad para que el ministerio y las autoridades ambientales hagan ejecución de esas promesas. 

Pero de todas maneras, uno podría decir que de llegar a cumplir esas dos metas en reducción de la deforestación y de restauración forestal, uno de los mayores legados de Petro sería en lo ambiental. Otro tema es que en el mismo discurso, el presidente Petro reiteró el tema de detener la explotación y exploración de gas y petróleo en el país, y eso en relación con la firma del Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles. Pero muchos consideramos que es un gran problema suspender la exploración de combustibles fósiles en Colombia.

CAG: ¿Por qué lo dice?

MRB: En las regiones del mundo existen grandes diferencias sobre los factores que inciden en las emisiones de gases de efecto invernadero. Mientras que la agricultura, la silvicultura, y otros usos del suelo representan el 24 por ciento de las emisiones totales de gases de efecto invernadero del mundo, en América Latina representan más del 50 por ciento. En Colombia, la deforestación, la agricultura y la silvicultura representan el 59 por ciento de las emisiones de estos gases contaminantes. Por eso su prioridad para reducir las emisiones no debería estar necesariamente en la descarbonización de la economía, sino en detener la deforestación y transformar la actividad agropecuaria, aún cuando avanzar en la descarbonización sí sea importante. 

Además, en Colombia, los combustibles fósiles representan un 3 por ciento del PIB, y suspender su exploración conllevaría a poner en riesgo el autoabastecimiento de gas y de petróleo del país, dos combustibles que todavía se consumirán en algún grado dentro de veinte o treinta años en el mundo. También significaría sacrificar sus exportaciones, pues estas equivalen al 40 por ciento en total. Es decir, implica un sacrificio significativo de puntos de crecimiento económico que son importantes para la solución de diversos problemas sociales. La política de suspender en Colombia la exploración de petróleo y gas no tiene ningún beneficio sustancial para el planeta, pues mientras haya demanda internacional la oferta que deje de hacer Colombia la suplirá otro país y sin acuerdos internacionales para reducir significativamente la explotación de combustibles fósiles. 

CAG: ¿Cómo juega o qué tan distintivo es como actor Petro frente a otros líderes de América Latina y cómo puede afectar esto la idea de una posición regional unificada en temas ambientales ante la COP28?

MRB: Estamos en un contexto muy diverso. Mientras que Milei, de Argentina, niega el cambio climático, Lula, de Brasil, hace un equilibrio difícil entre el extractivismo y la defensa de los indígenas. Históricamente, en América Latina ha sido muy difícil tener una  posición regional. Las posiciones regionales se montan y se construyen antes de las COP, y aquí claramente no hay una. En ese sentido, la Unión Africana es un muy buen ejemplo sobre una posición de consenso frente a negociaciones de cambio climático. Pero la falta de unión en América Latina es muy grande, también sobre el tema amazónico. 

Por ejemplo, Lula Da Silva se negó en la Cumbre Amazónica a considerar la propuesta de Petro de que Brasil suspendiera las exploraciones de petróleo en esa región, y dijo que iba a seguir usando carbón y gas o gas y petróleo en los próximos años. Y de hecho ha aumentado la exploración y explotación de estos. Humildemente tenemos que reconocer que quien tiene mayor peso en las negociaciones sobre todo el tema de la región amazónica es Lula Da Silva y Brasil.  

CAG: ¿Cuál es su lectura, en general, sobre la utilidad de las COP para lograr consensos alrededor de metas globales para luchar contra el cambio climático?

MRB: La Convención ha tenido poco éxito, para decir lo menos. En 1992 su meta fue disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero en tal monto que hacia el año 2000 estas no superaran las del año 1990. Treinta años después de firmada la Convención en 1992, las emisiones se han incrementado en un 60 por ciento con respecto a 1990. 

De acuerdo con cálculos basados en las actuales tendencias de emisiones, a junio de este año restaban tan solo ocho años y diez meses para alcanzar el límite de aumento de temperatura de 1,5 grados centígrados que se estableció en el Acuerdo de París, luego del cual se espera que los eventos climáticos extremos se intensifiquen aún más. 

Uno de los argumentos es que si esas medidas no se hubieran tomado, el resultado actual sería peor. Pero ese no es el punto. El punto es que estos acuerdos estaban pensados para evitar eventos climáticos extremos que hoy, sin duda, ya estamos viviendo en todo el mundo, como las olas de calor en Europa de 2022 o las inundaciones en Colombia entre los años 2010-2011, por citar algunos. 

CAG: Finalmente, ¿cuál es su lectura sobre a qué acuerdos se llegaron al finalizar las reuniones en el escenario de la COP28?

MRB: Yo he participado en unas nueve COP, y además estuve en la legislación de la Convención de Cambio Climático. El único tratado que tuvo en cierto vigor y que estaba muy bien diseñado y con bastante fuerza jurídica fue el Protocolo de Kioto. Pero este colapsó en el año 2009 y en muy buena parte porque Estados Unidos, si bien fue un gran arquitecto de este protocolo, quedó sin ratificar en el gobierno de George Bush. A raíz del colapso del Protocolo de Kioto, se comienza a construir el Acuerdo de París, que se va a firmar en 2015. 

Si uno mira de 2015 a hoy, pues no hay razón para ser optimista. Claramente las emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado. Con las estimaciones de explotaciones de fósiles que están en marcha, el umbral de 1.5 grados centígrados tiene una altísima probabilidad de que se traspase antes de finalizar el siglo, etc. Entonces, claro, no se ve que haya una actitud por parte de los países desarrollados. Hacen los acuerdos, pero no los cumplen. 

Entonces, claro, en esta COP se va a celebrar como un logro que se le puso plata al Fondo de Compensación y Daños, pero ese fondo ya se había creado desde la COP27. Este tipo de anuncios generan esperanza y se presentan como logros, pero el problema con todo esto es la implementación. Por ejemplo, en Copenhague, en 2009, los países desarrollados se comprometieron a aportar 100 mil millones de dólares al año a partir de 2009 para mitigación y adaptación. Ya han pasado 13 años y nunca se cumplió esa meta. Además, es un valor insuficiente. Por decir algo, los africanos estiman que ellos necesitarían montos para mitigación y adaptación del orden de 700 mil millones de dólares de recursos concesionales, o sea, siete veces ese monto. 

La pregunta es, si no están cumpliendo adecuadamente con el Fondo de Mitigación y Adaptación, ¿por qué van a cumplir con este de Pérdidas y Daños que lanzarán como uno de los triunfos de esta reunión?

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