Manuel Rodriguez Becerra

Manuel Rogriguez Becerra

Manuel Rodríguez Becerra, un luchador ambiental

Fue el primer ministro de Medio Ambiente del país, uno de los diez mejores líderes de Colombia, además de investigador, ambientalista, columnista, referente nacional e internacional y, ante todo, académico. En 2016 fue nombrado profesor emérito de Los Andes luego de 45 años de trayectoria.

Por: Universidad de los Andes | 18 de septiembre 2017

Por:
Andrés Ruiz Zuluaga

ma.ruiz55@uniandes.edu.co 

23 de marzo, 7:24 a. m. Empieza el día y Manuel Rodríguez Becerra enciende el Twitter: “SOS: Imperativo impedir que la eterna primavera de Medellín sea reemplazada por la eterna contaminación del aire”. En minutos supera los 40 retuiteos.

—La vida la tiene que regir la pasión. La mía es la defensa del medio ambiente, me fascina, es una forma de vivir —afirma el profesor de Administración de la Universidad de los Andes.

Seis minutos después, ya está sentado junto al ministro de Medio Ambiente, Luis Gilberto Murillo; a la exministra Cecilia López, al exgerente del Inderena Julio Carrizosa y al exviceministro de Medio Ambiente Ernesto Guhl. Es el Foro público “La Reforma ambiental ¿mejor o peor?”, organizado por el Foro Nacional Ambiental, que preside actualmente Rodríguez Becerra y que él fundó en 1998 junto a Marta Cárdenas y otro grupo de ambientalistas.

—Mi obsesión es que mi investigación y mi enseñanza sean pertinentes para la política pública y la defensa del medio ambiente.

Dos horas después, un nuevo tuit de su participación en el foro: “Cuando el Estado no funciona hay que preguntarse ¿a quién le interesa que no funcione?”.

—Me duele la enorme inconciencia que existe en la clase dirigente. Los líderes del país son mucho bla bla bla, que el desarrollo sostenible, que no sé qué… pero a la hora del té los intereses económicos predominan y vale huevo el tema ambiental.

Al final del día completaría 27 trinos, entre retuiteos y reflexiones personales sobre el foro y otros temas como cambio climático, fracking (fracturación hidráulica), la reserva Van Der Hammen… De ahí sus 31.052 seguidores (al 30 de marzo).

—Escribo tuits combativos, otros con sentido del humor… Al principio me tomaba mucho tiempo, también por intentar ganar adeptos, pero ahora es muy fácil. Defiendo y hablo lo que está sustentado en mis investigaciones, en el trabajo académico, en la experiencia.

La idea de meterse con esta dedicación a Twitter surgió gracias a una recomendación de María López, de la revista Semana.

—Me dijo: “Usted escribe columnas en los periódicos, pero los jóvenes no leen eso. Debe salir a las redes sociales”. Y decidí hacerlo.


El color de la esperanza

Miércoles, 22 de marzo, 5:00 p. m. La entrevista es en el estudio de su casa, en el norte de Bogotá. Después del foro y lidiar con el tráfico, Manuel Rodríguez, ingeniero industrial de Los Andes y magíster en administración de empresas de Oxford, se ve cansado, pero no su voz. Está sentado frente a su principal arma de batalla: el computador. Viste saco de paño negro, camisa blanca, corbata roja y pantalón gris.

—No creo que nos demoremos más de una hora ¿Cierto? —pregunta sin aparente preocupación quien fue el primer ministro de Medio Ambiente de Colombia, en la presidencia de César Gaviria.

El tiempo podría ser su enemigo, pero lo reparte estratégicamente y con meticulosa rigurosidad entre reuniones del Foro Nacional Ambiental, decenas de entrevistas para medios de comunicación e invitaciones a charlas; así como la escritura de su columna en el periódico El Tiempo, el manejo de su Twitter, las clases de Administración… Como si fuera poco, actualmente trabaja en la escritura de tres libros.

—Hay que buscar el tiempo, es la costumbre —dice mientras se acomoda en una aún intacta mecedora clásica de madera, ubicada en la parte posterior del estudio—. Tiene más de 40 años, es heredada.

De los tres libros que está trabajando actualmente es el autor de uno sobre el medio ambiente en Colombia. El otro, ya a punto de ser impreso, aborda el tema del desarrollo sostenible y retos para la gerencia; y él es coeditor. Y del tercero es coautor, apenas lo está empezando, y habla sobre las relaciones ambientales internacionales de Colombia en los últimos veinte años.

—Me va bien escribiendo a la madrugada. Empiezo a las cinco. Me desconecto del teléfono e intento no parar hasta la una de la tarde.

De las cuatro paredes del estudio dos son ventanales del piso al techo. El más grande, detrás del computador, hace las veces de obra de arte natural. Por encima de la pantalla el cuadro es de árboles, un prado verde, y una pared de piedra tapizada con plantas naturales. El atardecer del cielo se dibuja como un borde superior. Un paraíso verde y silencioso en el corazón de Chapinero.

—¿Cuántas peleas por defender el medio ambiente le han tocado desde este escritorio?

—¡Uf! —suelta una bocanada de aire mezclado con una leve sonrisa mientras hace cuentas—. He tenido grandes agarrones violentos. La gente lo insulta mucho a uno en redes, pero más cuando escribo columnas. Últimamente por la defensa del tema de los hoteles en los parques nacionales.

Las otras dos paredes están cubiertas por bibliotecas abarrotadas de libros. En la de atrás, una chimenea le da un toque cálido y acogedor. Encima, un cuadro de Obregón.

—Me han amenazado varias veces, eso pasa cuando uno pisa callos. Este es un país muy violento y a veces lo hacen solo para ver si uno se calla. No significa necesariamente que lo van a matar.

Se recuesta en la mecedora y estira los pies. Detrás de él, un cuadro clásico de su bisabuelo, elegante con vestido, corbata y un gorro estilo kufi negro, en un marco redondo.

—Las peleas a veces lo ponen a uno tenso, pero nunca se me ha ocurrido desistir. Al contrario, me animan a seguir.

Recuerda que por sus denuncias ha tenido hasta demandas de aquellos a los que les ha “pisado callos”, pero siempre ha salido bien librado porque va con la verdad.

—Veinte años después de salir del Ministerio de Medio Ambiente, ni más faltaba, podría tener contratos con el Estado, pero decidí no tener ninguna consultoría ni con el sector público ni con el privado para tener toda la independencia. Justamente ese es el tipo de cosas con las que lo embadurnan a uno y luego no puede hablar.

En los últimos años sus defensas ambientales lo han puesto en la agenda de los medios muchas veces. Es referente constante en Caracol Radio, El Espectador, El Tiempo o Semana, entre otros.

—Mi actividad principal ha sido la academia; trato de que las actividades académicas y la investigación vayan encaminadas a la defensa del medio ambiente en diferentes campos. Hay que utilizar todos los medios de lucha.


El caso Van Der Hammen

En febrero de 2016, en el Foro Nacional Ambiental realizado en Los Andes, con argumentos a favor de la protección de la reserva Van Der Hammen (área de protección ambiental de cerca de 1.400 hectáreas, entre las calles 150 y 235, en el norte de Bogotá) debatió con el alcalde Enrique Peñalosa. “Hay unos intereses enormes de urbanizadores de Bogotá y un problema de poder. Los defensores de la reserva estamos en una situación muy débil y vulnerable. El poder económico está con el alcalde”, dijo en su intervención y prendió el debate.

—Había un largo calentamiento previo incluso desde antes de que fuera alcalde. Empezó el día que les pregunté por Twitter a los candidatos a la Alcaldía ¿cuál era su opinión de la reserva? A los dos segundos Peñalosa respondió: “Eso es un potrero”. Ahí arrancó todo —recuerda.

En la Universidad el debate terminó con aplausos para Rodríguez y rechiflas para el alcalde.

—Peñalosa va a destruir la reserva, está decidido. Hizo una primera buena alcaldía y sé que va a hacer cosas buenas, pero lo de la reserva es inentendible. Muchos dicen que es por intereses económicos, pero no creo. Es producto de la arrogancia. Es un tipo muy prendado de sí mismo y lo que no es idea de él no le gusta.


Padre, esposo y profesor

Es miércoles y no dicta clase. Se relaja un poco en la silla. A la izquierda, contra la biblioteca, descansa un marco con cerca de treinta retratos blanco y negro y sepia de los Rodríguez Becerra.

—Mi padre (José Rodríguez Arango) falleció cuando yo tenía 9 años. Esto me marcó la vida.

Se levanta y toma el marco y enseña una foto de su madre, la valluna Enriqueta Becerra. A esa línea de su familia la describe como divertida y vivaz.

—Mi mamá cogió el negocio de seguros al que se dedicaba mi padre y lo sacó adelante. Era de una enorme alegría, me dio clases de baile desde los 7 años. Se divertía con todo. Era católica y nos llevaba a las procesiones, a museos… Gracias a ella bailo tan bien —afirma nostálgico.

Su hermano falleció. Manuel actualmente vive con su esposa, la exitosa oftalmóloga española Carmen Barraquer con quien lleva 40 años de matrimonio.

—Somos muy diferentes, pero cada cual respeta su mundo. Cuando me casé con ella ya era una gran oftalmóloga, muy exitosa, con un gran apellido.

De su madre cree que heredó la alegría y el humor. De la muerte de su padre piensa que le quedó un inmenso temor a las enfermedades que lo hacen considerarse “un poco” hipocondríaco.

—Me marcó que muriera tan joven (46 años). Creo que de ahí viene ese miedo… —una pausa y retoma con su tradicional humor—, pero mi señora me tumba todas mis enfermedades mortales con un pragmatismo horrible. Los tres infartos que supongo que me han dado han terminado en un: “Vamos, es solo un gas”, con su marcado acento español que aún conserva.

Manuel y Carmen tienen dos hijos, Tomás, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, e Isabel, profesora de la Universidad de California. Tomás le dio su primera nieta, de su matrimonio con la senadora Paloma Valencia.

—Tomás está de regreso a Colombia, a partir del otro semestre trabajará en Los Andes como profesor de Economía. Isabel vive en San Francisco (California, E.U.).


‘Soy un académico’

30 de marzo, 2:00 p. m., Rodríguez Becerra está en la actividad primordial de su vida profesional: las clases. En este caso, Ciencia y Medio Ambiente, en el edificio de Matemáticas. Una clase de análisis y debate de películas y documentales con los estudiantes, apoyados en lecturas.

—Una de mis pasiones es que lo que yo haga aquí sea pertinente. Siempre llevo a mis estudiantes a clases al parque Chingaza o al Sumapaz.

Este jueves es el documental The True Cost, sobre las consecuencias ambientales y el impacto negativo de la industria textil en el mundo. Entre la charla Rodríguez suelta anécdotas y capta la atención de sus estudiantes.

—Cuando era pequeño me enseñaron que el hombre es amo y señor de la naturaleza. Es una interpretación errónea que le ha hecho daño a esta relación… Es importante la valoración de los otros seres vivos.

En Los Andes, en 45 años, además de profesor, ha sido secretario general, decano de las facultades de Artes y Ciencias y de Administración, vicerrector y miembro del Consejo Directivo. En 2016, recibió el título de Profesor Emérito, otorgado por el Consejo Académico de la Universidad.

—He ganado varias distinciones, pero, lejos, la que más me ha gustado es esta. Tengo una relación afectiva muy fuerte y una gratitud enorme con Los Andes, significa mucho. Acá he podido desarrollar todas las iniciativas que he tenido en la vida. Esto es una ñapa, lo que he hecho en la Universidad es divertirme todo este tiempo.

Becerra, entre otros reconocimientos, fue seleccionado como uno de los Diez mejores líderes de Colombia (2013) por la Fundación Liderazgo por Colombia y la revista Semana, recibió la Distinción Nacional Ambiental a una Vida y una Obra de la Presidencia de la República y la Gran Medalla “Agustín Nieto Caballero” a la Educación del Ministerio de Educación y el Gimnasio Moderno. Siempre preocupado porque los conocimientos académicos traspasen las aulas.

—Muchas de las investigaciones de la Universidad y el país pueden tener impacto en campos académicos internacionales, pero hacen falta más casos de investigaciones y contribuciones relevantes al desarrollo del país. Muchos profesores tienen conocimientos que podrían ayudar a resolver problemas locales pero que no necesariamente se traducen en una publicación de primer nivel en el primer mundo.

Manuel Rodríguez, en pocas palabras…
  • Un libro: Don Quijote de la Mancha.
  • Una película: La sal de la tierra.
  • Un lugar: cualquier parque nacional del mundo.
  • Un color: verde.
  • Una palabra: amistad.
  • Una comida: el filete de basa.
  • Un partido político: fui liberal, pero hoy está tan decadente. Participé en el Partido Verde, pero también me retiré.
  • Un deporte: squash, lo jugué mucho. Hoy camino.
  • Un amigo: Alberto Umaña, quien murió y lo quise mucho.
  • Una planta: la orquídea.
  • Un miedo: a las enfermedades.
  • Una compañía: mi señora, la mejor compañía de vida.

Así lo ven

“Es de esas personas que han hecho la Universidad, sin él Los Andes no sería lo que es”.
Pablo Navas, rector de la Universidad de los Andes

“Manuel Rodríguez, por favor, no deje de ser ese agradable dolor de cabeza para la Facultad”.
Eric Rodríguez, decano de la Facultad de Administración

“Ha sido un muy buen ejemplo para mi colegio, para la Universidad y para el país”.
Paulo Laserna, empresario, periodista y politólogo

“Es un ser, un luchador que le señala al país que ese gran tesoro que tenemos de la biodiversidad necesita atención”.
Paloma Valencia, senadora

“Uno encuentra en él a un amigo, un papá, un compañero de camino invaluable”.
Paula Moreno, exministra de cultura