Manuel Rodriguez Becerra

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Basuras: problema sin resolver

Por: Manuel Rodríguez Becerra | 06 de Julio 2004

El 56 por ciento de los centros urbanos de Colombia disponen de las basuras en botaderos a cielo abierto y el 5 por ciento los arrojan a los ríos. Tan alarmante situación, en virtud de sus graves consecuencias para la salud humana y el medio ambiente, fue denunciada por la Procuraduría Nacional de la República en reunión organizada conjuntamente por esta entidad y el Foro Nacional Ambiental. Estas y otras conclusiones igualmente preocupantes son el resultado de una investigación adelantada por el ente de control a partir de una muestra representativa de 194 municipios en los cuales habita el 60 por ciento de la población nacional.

El 56 por ciento de los centros urbanos de Colombia disponen de las basuras en botaderos a cielo abierto y el 5 por ciento los arrojan a los ríos. Tan alarmante situación, en virtud de sus graves consecuencias para la salud humana y el medio ambiente, fue denunciada por la Procuraduría Nacional de la República en reunión organizada conjuntamente por esta entidad y el Foro Nacional Ambiental. Estas y otras conclusiones igualmente preocupantes son el resultado de una investigación adelantada por el ente de control a partir de una muestra representativa de 194 municipios en los cuales habita el 60 por ciento de la población nacional.

TIPO DE VERTEDEROS DE LA BASURA EN COLOMBIA

No obstante que la mayor parte de municipios que presentan este dramático cuadro cuentan con menos de 20.000 habitantes, resulta insólito que 13 centros urbanos con más de 50.000 habitantes y 6 con más de 100.000 operen sus botaderos a cielo abierto. Y como si esto fuera poco, la casi totalidad de los denominados rellenos sanitarios presentan graves deficiencias técnicas en su diseño técnico y operación.

En general, la mayoría de los sitios existentes para disposición de desechos han adolecido de evaluaciones técnicas para su ubicación y diseño, carecen de mediciones certeras del impacto ambiental y los registros de sus actividades operativas son superficiales. O sea que estos rellenos no cumplen su función sanitaria por lo cual es más correcto denominarlos como “botaderos que no están a cielo abierto”. Simplemente la basura se está haciendo invisible a los ciudadanos sin que ellos sean concientes de los diversos problemas de contaminación de los suelos, las aguas y el aire generados por su inadecuada disposición, con sus consecuentes impactos para la salud de la población. Incluso frente a la existencia de los rellenos sanitarios con alguna infraestructura y sistema operativo existentes en el país, se mantienen dudas sobre su comportamiento ambiental y la medición de sus impactos a nivel de emisiones de gases de efecto invernadero, contaminación de acuíferos subterráneos, generación de olores ofensivos, vectores, estabilidad de las celdas de confinación, etc.

En un momento se llegó a considerar que la solución a los problemas planteados podría estar en los planes de ordenamiento territorial que deben prever la localización de los rellenos sanitarios. Pero un gran número de municipios no han adoptado su Plan de uso de suelo rural y urbano y los que lo han hecho no han tenido en cuenta el sitio destinado originalmente para efectos de la disposición final de residuos, buscando para tal fin sitios no previstos en el POT. Y, más grave aún, estos últimos municipios están estableciendo predominantemente como lugares alternativos terrenos que no reúnen las condiciones fijadas por las autoridades ambientales. Estaríamos seguramente ante un nuevo caso en que el interés particular y la corrupción se abren paso en los conciliábulos de los concejos municipales y las alcaldías que en este caso estarían actuando a espaldas del interés público.

Pero no todas las noticias referentes al manejo de las basuras son negativas. Los indicadores de cubrimiento del servicio de aseo han tenido un reconocido aumento en los últimos años, y es innegable la mejora sustancial en la calidad del servicio en los grandes centros urbanos, particularmente en los componentes de recolección y transporte, limpieza y barrido de áreas públicas. Para cualquier turista que visite las grandes ciudades de Latinoamérica es evidente que Bogotá o Cartagena son ciudades limpias lo que habla muy bien del barrido y recolección de sus basuras.

Seguramente si ese turista profundiza en su visita encontrará que el barrido y recolección de las basuras en las zonas periféricas, allí donde hoy viven los grupos más pobres de la población y los desplazados de la guerra, no es adecuada y eventualmente constatará que en muchos casos no es posible ofrecerlos ante la carencia de la infraestructura de servicios básicos.

Pero evidentemente no basta con barrer las calles: se requiere de su adecuada disposición. Qué ocurre con las alternativas diferentes o complementarias a la del relleno sanitario? Qué pasa en Colombia con aquellas que están dirigidas a reciclar parte de la basura en formas social y económicamente sostenibles y que al mismo tiempo disminuyen el volumen de los residuos que deben ser dispuestos en formas ambientalmente sanas? Experiencias diversas de plantas de reciclaje, compostaje o lombricultura a pequeña escala, han sido instaladas en el país, con diversos resultados.

La mayoría de ellas, no han sido exitosas y/o su capacidad para impactar el sistema nacional ha sido limitada. De ahí, que se mantenga el sistema del relleno sanitario como la alternativa final de mayor aceptación, sin que avancemos en el análisis serio de otras propuestas tecnológicas como plantas de producción de biomasa, termólisis, pirólisis o incineración con recuperación de energía, sobre las cuales aún no tenemos muchos avances conceptuales ni estudios de viabilidad técnica, ambiental y económica concluyentes.

Frente a la promoción de actividades de reciclaje y específicamente a la labor de los recuperadores, es lamentable la baja estima del trabajo de estas organizaciones comunitarias. El conocimiento y destreza que han adquirido en su experiencia diaria con grandes esfuerzos personales, es en este momento un importante activo para el sistema.

Sin embargo, es necesario insistir en el reconocimiento de la labor del reciclador y la cultura ciudadana para la separación de los residuos, la formalización de las rutas de recolección selectiva, la valorización de los materiales y la participación activa de la industria nacional para reincorporarlos a los sistemas productivos en mayor proporción. Una concertación adecuada con la industria y la definición de canales de comercialización abiertos y transparentes para estos grupos de reciclaje, es una necesidad inminente para darle valor y reconocimiento económico al sistema. Para afrontar los problemas anotados el gobierno nacional ha previsto la formulación de los planes de Gestión integral de Residuos Sólidos (PGIR) , que deben estar siendo formulados por todos los municipios, y que para los mayores de 100.000 habitantes deben concluir en septiembre próximo.

Evidentemente, la experiencia con los POT y los rellenos sanitarios deberían servir como una luz de alarma sobre la suerte que podrían correr los PGIRs sino se hace un adecuado control sobre los municipios por parte de las autoridades competentes y la ciudadanía. Mientras estos planes no se hagan realidad tan sólo nos debemos limitar a decir que las basuras en Colombia son un problema por resolver.