

Trump y el cambio climático
Los retrocesos en políticas ambientales por parte de Estados Unidos son un asunto de la mayor gravedad para la seguridad humana en el planeta.
Por: Manuel Rodríguez Becerra
/ 07 de febrero de 2026
El peor legado del presidente Trump será, sin duda, su efectiva acción en contra de la lucha global contra el cambio climático, un legado trágico que tendrá graves consecuencias para la humanidad. Precisamente, el miércoles 7 de enero de este año anunció que se había protocolizado el retiro de los EE. UU. del Acuerdo de París.
Las bases legales de este acuerdo, un pacto voluntario de 2015, hacen parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, establecida en 1992, de la que hacen parte todos los países del mundo y que sentó la ruta para mantener las temperaturas globales en niveles relativamente seguros. El gobierno de Trump no envió representantes a la Conferencia de las Partes de la Convención (COP30), celebrada en Brasil a finales del año pasado, como resultado de la decisión de retirarse definitivamente del Acuerdo. Además, la ayuda de EE. UU. a los países en desarrollo, para que estén en mejor capacidad de cumplir con los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París, terminó con el cierre de Usaid.
La Administración también anunció la retirada de EE. UU. del principal organismo científico climático de las Naciones Unidas, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), y de otras importantes organizaciones ambientales internacionales. Entre las medidas con mayor repercusión se encuentran aquellas que están derruyendo el sistema de la ciencia del cambio climático en EE. UU., que incluyen el desmantelamiento del Centro Nacional de Investigación Atmosférica de Colorado (NCAR) –el mayor laboratorio federal de investigación climática–, el cierre de la rama de investigación independiente de la EPA, la desfinanciación de la investigación climática, que incluye eliminar fondos para el efecto en el presupuesto del 2026 de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), la desaparición de datos científicos y la eliminación de términos como “cambio climático” de todos los sitios web federales.
Se cortaron drásticamente la financiación y el personal de la ‘Evaluación nacional del clima’, el principal informe del gobierno federal sobre cómo el calentamiento global está afectando al país. En su lugar, Chris Wright, el secretario de Energía, seleccionó a cinco escépticos de la ciencia climática para que redactaran su propia evaluación del calentamiento global, la cual fue criticada por docenas de investigadores del clima que los acusaron de tergiversar los hallazgos científicos.
En su primer día en el cargo, Trump firmó una orden ejecutiva que declaraba una “emergencia energética” y exigía al Gobierno que ampliara el apoyo a los combustibles fósiles, a la vez que restringía el apoyo a las energías limpias. Desde entonces, su administración ha abierto más de mil millones de acres de tierras y aguas federales para la extracción de petróleo y gas.
Al mismo tiempo, Trump y sus aliados en el Congreso han derogado los subsidios para paneles solares, turbinas eólicas y vehículos eléctricos. Y la Administración ha derogado o bloqueado los estándares de eficiencia vehicular que habrían obligado a los fabricantes de automóviles a abandonar los automóviles de gasolina. En total, las empresas cancelaron más de 32.000 millones de dólares en inversiones planificadas en energía limpia para 2025.
“Se cortaron drásticamente la financiación y el personal de la ‘Evaluación nacional del clima’, el principal informe del gobierno federal sobre cómo el calentamiento global está afectando al país”
¿Qué efectos tendrán todas estas medidas a nivel global? Serán sustantivas, y se estima que en el mediano plazo podrían llevar a un incremento del 3,5 % de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a partir de 2026. Sin embargo, en 2025 Estados Unidos emitió un 2,4 % más de GEI procedentes de combustibles fósiles que el año anterior. Este aumento se atribuye a una combinación del crecimiento explosivo de los centros de datos y de la minería de criptomonedas, así como al aumento de los precios del gas natural.
Los retrocesos en políticas ambientales por parte del gobierno del presidente Donald Trump no fueron factores significativos en este aumento porque apenas se comenzaron a implementar a lo largo de 2025 y solo se evidenciarán a partir de 2026, un asunto de la mayor gravedad para la seguridad humana en el planeta, a tal punto que nos encaminaríamos a situaciones catastróficas.