Manuel Rogriguez Becerra

Ernesto Guhl, un ciudadano ejemplar

Su obra es una creativa reflexión sobre la crisis ambiental mundial y sus posibles futuros.

Por: Manuel Rodríguez Becerra

/ 06 de agosto 2022

Al mismo tiempo que Ernesto estaba finalizando la escritura y la edición de su libro ‘Antropoceno: La huella humana’ comenzó a padecer la enfermedad que lo llevó a la muerte. Después del lanzamiento de esta obra, en la Feria Internacional del Libro, se hicieron diversas presentaciones dirigidas a diferentes públicos. En ellas, Ernesto no ocultó su satisfacción y regocijo ante los comentarios de ilustres intelectuales a los que respondió con lúcidas observaciones. Era la satisfacción propia de quien tiene la seguridad del valor de su obra, que en este caso es una creativa reflexión sobre la profunda crisis ambiental mundial y nacional y de sus posibles futuros, a partir de su vasta experiencia en la academia, en el trabajo de campo y en la política pública.

Quizá en estas ocasiones no haya intuido, o no haya querido aceptar, que era el último legado de su vida, que era su última gran reflexión. Sabía que tenía mucho más que decir y estaba aferrado a una vida en la que se distinguió como académico y ambientalista sin par, distinguido profesional de la ingeniería, y excepcional persona.

‘Antropoceno: La huella humana’ debería ser lectura obligatoria para los estudiantes universitarios y para todos aquellos que deseen conocer los orígenes de esta nueva época ecológica creada por la acción de los seres humanos, así como los diversos riesgos que depara para el complejo tejido de la vida en la Tierra, los retos que nos plantea y sus posibles salidas. En el subtítulo mismo del libro, Ernesto Guhl subraya este último imperativo: “La frágil senda hacia un mundo y una Colombia”, al que dedica una gran parte de este. Es una senda que construye a partir de una revisión y revitalización del concepto de sostenibilidad, que, desafortunadamente, ha sido objeto de todo tipo de usos y abusos. Guhl, en línea con la mejor ciencia contemporánea, plantea la sostenibilidad como base para construir un buen Antropoceno, que exige que aprendamos a navegar en una época que se avizora turbulenta. Es una navegación que tiene sus propias peculiaridades en Colombia, como Ernesto lo expone en varios capítulos.

La sostenibilidad del territorio y del agua es uno de los planteamientos centrales para recorrer esta senda. Ernesto desarrolló, hace más de diez años, la concepción de la región hídrica como eje del ordenamiento del territorio, tal como lo expone en su libro ‘La región hídrica de Cundinamarca’. Es una concepción que retomó y afinó en su nueva obra. Ernesto fue un conocedor, como pocos, del papel que juega el agua en todos los órdenes del medio ambiente, de la vida y de la sociedad. No podía ser de otra forma, pues su padre, Ernesto Guhl Nimtz, pionero en la ciencia de los páramos en Colombia, fue un maestro que enseñaba sobre los páramos y los bosques de montaña en el terreno, en largas y duras excursiones, como lo recuerdan bien sus exalumnos de la Universidad Nacional, y como lo recordaba su hijo Ernesto.

Recuerdo la insistencia de Ernesto Guhl Nannetti sobre la necesidad de que los estudiantes conocieran el territorio como un fundamento de su formación, cuando concebimos y dictamos el curso ‘Colombia hoy’ en la Universidad de los Andes, a principios de los años ochenta. Fue en la universidad donde comenzamos a forjar nuestra amistad, si bien ya nos conocíamos desde los años escolares. En los años ochenta y principios de los noventa, Ernesto contribuyó al desarrollo de los Andes como profesor, decano de la Facultad de Ingeniería y vicerrector académico. Esta faceta universitaria es, quizá, desconocida por muchos, toda vez que Ernesto en las tres últimas décadas, a partir de su ejercicio como viceministro de medio ambiente (1994-97), se dedicó por completo a la generación de conocimiento y al activismo sobre el medio ambiente, tareas que supo adelantar con eficacia y compartir con generosidad. Fue un ciudadano ejemplar.