Manuel Rogriguez Becerra

‘Colombia, país de bosques’

La destrucción y degradación de esta riqueza han sido una constante a lo largo de nuestra historia.

Por: Manuel Rodríguez Becerra

/ 30 de abril 2022

David Kaimowitz, uno de los principales expertos forestales del mundo, señala en el prólogo del libro ‘Colombia, país de bosques’ algunos de sus principales propósitos y orientaciones: “Justo cuando empezamos a apreciar los múltiples beneficios que brindan los bosques, que los hacen imprescindibles para el buen vivir de los seres humanos, estos se encuentran más amenazados que nunca. Para salvarlos tenemos que entenderlos mejor, conocer las causas de su destrucción y vislumbrar las posibles opciones para su conservación, manejo y restauración”.

“Siendo así, este libro ‘Colombia, país de bosques’, editado por Manuel Rodríguez Becerra y María Fernanda Valdés Valencia, no pudo llegar en mejor momento. Ofrece en un solo volumen una visión panorámica de la problemática forestal del país, preparado por cincuenta y uno de los especialistas más destacados en el tema. En asuntos de bosques, Colombia es una gran potencia. Está entre los doce países con mayor cobertura boscosa, y es número dos a nivel mundial en cuanto a biodiversidad, después de Brasil.

“Los bosques colombianos cubren más de la mitad del territorio nacional y tienen una gran importancia para el clima regional y global, la conservación de los recursos genéticos, la salud humana, el patrimonio cultural y la vida espiritual. Los árboles y los ecosistemas forestales ayudan a mitigar el calentamiento global, generar lluvia, conservar suelos y fuentes de agua, atenuar el calor en las ciudades, suplir fuentes de medicamentos y alimentos y polinizar, proteger y aportar recursos genéticos para los cultivos. Además, desempeñan un rol central en muchas culturas de los pueblos indígenas y afrocolombianas”.

La destrucción y degradación de esta riqueza han sido una constante a lo largo de nuestra historia. Como es obvio, ha sido necesario deforestar para abrir tierras para la agricultura. Pero esa apertura presenta una gran distorsión con graves consecuencias para nuestro patrimonio natural. Solamente el 30 % de los suelos dedicados a la agricultura se concentran en los cultivos agrícolas, mientras que el 70 % se concentra en la ganadería con modelos de producción principalmente extensivos y de baja productividad. Si se transfomara la ganadería con unos modelos más productivos y amigables con el medio ambiente (por ejemplo, a través de los sistemas silvopastoriles), se podrían liberar más de 12 millones de hectáreas de los 34 millones dedicadas a esta actividad. No obstante, se continúa deforestando, con el objeto de abrir más tierras para la ganadería extensiva, como se evidencia en la región Amazónica, en la cual la deforestación sumó cerca de 700.000 hectáreas de 2016 a 2021, equivalente aproximadamente al 61 % del total de la registrada en el país en el período.

Además, los diversos gobiernos no les han otorgado ninguna prioridad a los potenciales económicos de los bosques. En la actualidad el país es un importador neto de madera, cuando este podría ser uno de sus rubros de exportación más importantes, a partir de los bosques naturales y de los bosques plantados, como lo evidencian países similares a Colombia.

Por fortuna, dos factores han contribuido a la protección de extensas áreas de nuestros bosques. El reconocimiento de los territorios indígenas (resguardos) y afrocolombianos (consejos comunitarios), y la creación de parques nacionales. Estas tres modalidades –que representan más del 40 % del territorio continental del país– han sido, en balance, exitosas. En los parques nacionales, 96 % de sus ecosistemas son naturales y solamente 4 % del área total ha sido transformada, y en los resguardos indígenas esas cifras son similares: 95 % y 5 %, respectivamente (Ideam, 2017).

Por desgracia, a partir del acuerdo de paz la deforestación ha aumentado en forma alarmante en estas áreas. Pero lo cierto es que aún estamos en posibilidad de detenerla y salvar los bosques de Colombia, su mayor riqueza, como arguyen los autores de los 35 capítulos de este libro, publicado por el Foro Nacional Ambiental, Fescol y Editorial Alpha.