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Visión 2019: un debate necesario

 

"Visión Colombia 2019" constituye, como el presidente Alvaro Uribe lo afirma, "un instrumento para ordenar una discusión que lleve a los colombianos a construir propuestas y plantear soluciones para el país que queremos en el Segundo Centenario". En ella se plantean ambiciosos objetivos y metas para nuestro desarrollo, una condición necesaria si queremos superar los graves problemas que enfrentamos. Sin embargo, los protuberantes vacíos en relación con el medio ambiente y el desarrollo sostenible, hacen de esta propuesta tan solo una quimera. Veamos.

La Visión está orientada por dos principios rectores (consolidar un modelo democrático y afianzar un modelo socioeconómico sin exclusiones), y cuatro grandes objetivos (una economía que garantice mayor nivel de bienestar, una sociedad más igualitaria y solidaria, una sociedad con ciudadanos libres y responsables, y un Estado al servicio de los ciudadanos). Sorprende y preocupa que entre ellos no se incorpore el tema de la sosteniblidad ambiental. Es un hecho incomprensible a la luz de la Constitución de 1991, que establece que Colombia debe dirigirse hacia un desarrollo sostenible –es decir hacia aquel que armonice el desarrollo económico, social y cultural del país con las capacidades de los ecosistemas naturales para sustentarlo. Además, la misma Constitución (que como norma suprema debe orientar la Visión del Bicentenario), contiene cerca de cincuenta artículos que versan sobre la protección ambiental y el desarrollo sostenible. No se trata de un argumento formal: la Constitución de 1991 incorpora el tema ambiental como elemento estructural del modelo de desarrollo, lo cual es una expresión de las concepciones contemporáneas. El lector de la Visión del II Centenario podría señalar que no se está haciendo justicia con la misma, si se considera que existe una sección del documento titulada "Desarrollo Sostenible". En ella se declara que en "2019 Colombia deberá alcanzar sus metas de desarrollo económico y social con fundamento en el aprovechamiento sostenible del medio ambiente, los recursos naturales y la biodiversidad". Pero es una afirmación simplemente retórica. En una breve descripción de la estrategia (página y media entre 60 del documento), se establecen metas de protección ambiental en tres campos: reforestación protectora-productora, planes de manejo y ordenamiento de cuencas, páramos y ecosistemas acuáticos, y control a la contaminación. Son metas valiosas, pero corresponden a aproximaciones sobre el papel de lo ambiental en el desarrollo que se tenían hace treinta años, y que hoy son apenas un componente de la visión más compleja del desarrollo sostenible. En efecto, en la aludida sección no se plantean metas coherentes con esta última concepción y comparables con las que diversos países desarrollados y en desarrollo han incorporado en sus visiones y políticas de largo plazo.

Es más, a lo largo del documento no se encuentra un planteamiento de lo que podría ser un modelo para alcanzar un desarrollo que sea sostenible desde las perspectivas económica, social, cultural, y ambiental. Por el contrario, se hacen múltiples supuestos y afirmaciones que podrían estar en contravía de ese camino. Así, se enfatiza que "para 2019 Colombia deberá contar con una estructura productiva que incorpore y aproveche plenamente –además del capital y el trabajo- recursos como la tierra, los mares, la biodiversidad, el paisaje...", una idea que se reitera en varios apartes del documento. Es obvio que el país debe utilizar su rico patrimonio natural para su desarrollo. Y es cierto, como lo afirma la Visión, que contamos con una enorme riqueza en biodiversidad y otros recursos naturales. Pero hoy sabemos que la gran complejidad biológica y geográfica de nuestro territorio, conlleva restricciones para el uso de los recursos naturales y del medio ambiente, un hecho que las diversas estrategias de desarrollo del país, y también la Visión, parecen ignorar. Desconocer aquella realidad, como también desconocer las limitaciones impuestas por la diversidad cultural del país, y, en consecuencia, no buscar caminos de desarrollo acordes con estas restricciones -incluyendo las oportunidades que ellas generan-, nos conduciría a continuar haciendo intervenciones en nuestro territorio que resultan inadecuadas y perversas desde el punto de vista social y ambiental. Hay otros componentes de la propuesta que, como estos, nos permiten afirmar que estamos ante una Visión quimérica al juzgarse a la luz de los criterios de la sostenibilidad ambiental, en particular, y del desarrollo sostenible, en general. Pero como se trata de una propuesta sometida a discusión de la ciudadanía urge debatirla y enmendarla, según la invitación que hiciera el Señor Presidente durante su lanzamiento el pasado 7 de Agosto.

Manuel Rodríguez Becerra
Publicado en: Portafolio, agosto 24 de 2005

 

 

 

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Ultima actualización agosto 2017
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