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Tierra a la Vista. La Orinoquia: medio ambiente
 

En Colombia, con frecuencia  se hace referencia a los “llanos orientales”, como un inmenso espacio plano  y relativamente homogéneo. Es una simplificación  que no reconoce a la Orinoquia como un territorio de gran diversidad biológica, ecosistémica y cultural, lo que ha conducido a efectuar intervenciones  en la región, las cuales, a la postre, podrían poner en alto riesgo su desarrollo económico y social.

Riqueza ambiental

La cuenca del Orinoco correspondiente a Colombia, abarca el 19.3% del  territorio continental del país, y es equivalente al 35% de la extensión total de la gran cuenca del río que le da su nombre. Los denominados Llanos Orientales, constituidos básicamente por sus inmensas sabanas tropicales, están hoy habitados por los llaneros tradicionales, diversos pueblos indígenas que son titulares de grandes resguardos, y grupos que han inmigrado  en búsqueda de oportunidades.

La Orinoquia, además de incluir las sabanas tropicales, comprende también humedales, selvas húmedas y ecosistemas de montaña.  Estos últimos corresponden al flanco oriental de la cordillera oriental, y están coronados por páramos y nevados que son fuente de gran parte de los grandes ríos  que discurren por la llanura, y  comprenden, también, las selvas húmedas de los pisos subandino y altoandino. El conjunto alberga un mosaico con 156 tipos de los cuales  92 corresponden a ecosistemas de tipo natural.

Cuenta con  32 tipos de sabana que se agrupan en dos grandes categorías: la sabana de altillanura “bien drenada” entre los ríos Meta y Vichada  que es una sabana hiper-estacional; y la “sabana inundable” que cubre una porción importante de los departamentos de Arauca y Casanare. Sus recursos de agua equivalen al 33% de los existentes en el país.

En ambos tipos de sabana se encuentra una intricada red de bosques, incluyendo los de galería, que ocupan el 20% de su extensión. El piedemonte, en su mayoría deforestado, se encuentra principalmente hacia el sureste de la región. Y la mayor extensión de selva húmeda se encuentra al sur del Vichada en la transición hacia la Amazonia.

La heterogeneidad de la región se manifiesta en su gran diversidad biológica representada en una de las mayores riquezas de especies de peces de agua dulce del mundo, en una alta diversidad de aves, y en una muy alta diversidad de gramíneas tropical.  La presencia del puma es un indicio del buen estado relativo de muchos de sus ecosistemas.

Intervenciones de alto riesgo

El 76 % de la Orinoquia  aparece en los mapas como cubierto por ecosistemas naturales, sin embargo éstos corresponden con lo que se denominan ecosistemas “semi-naturales”. Y es que durante siglos los llanos fueron paulatinamente ocupados por la ganadería extensiva, cuyo sistema productivo se acomodó al paisaje, respetando gran parte de los  morichales, las matas de monte y los humedales.

En los últimos años, se han venido transformando 200.000 hectáreas anuales de suelo, en su mayor parte tierras ganaderas,  para dedicarlos a la agricultura y a plantaciones forestales. Así, las sabanas, hasta hace poco tiempo consideradas sin vocación agrícola en virtud de la pobreza de sus suelos, se están comenzando a convertir en un polo agroindustrial,  a partir de  las tecnologías desarrolladas en el Brasil para hacer cultivables los suelos de la región de El Cerrado, pobres como los de los de la Altillanura en la cual se están aplicando.

Además, para darle paso a la agricultura se han destruido bosques protectores de las cuencas hidrográficas, habiendo llegado la deforestación a 30.000 hectáreas anuales en el último decenio.  Y se está también adecuando suelos a partir del drenaje de humedales, principalmente  en las llanuras inundables del Casanare y Arauca.  Además, en la Altillanura se están drenando las denominadas zonas encharcables, formadas no por el desborde de los ríos (como es el caso de la mayor parte de los humedales reconocidos por la ley), sino por la precipitación pluvial, las cuales son los nacimientos de los ríos negros que, como el Tuparro,  se originan en la planicie.

De continuar estas intervenciones radicales en la llanura se producirían daños irreversibles a sus ecosistemas y a su biodiversidad y se incrementaría la desestabilización del ciclo del agua, que ya ha sufrido algunos impactos como producto del deterioro y destrucción de los páramos y de  los bosques de la región andina de la cuenca del Orinoco. Y, como es obvio, se pondría en riesgo la actividad agroindustrial misma cuyo desarrollo depende de los servicios prestados por estos ecosistemas.

Un manejo prudente

Afortunadamente  a partir de la ciencia y la tecnología hoy disponible, es posible aprovechar las oportunidades que ofrece la región para la agricultura, haciendo un manejo prudente de su medio ambiente que no produzca impactos indeseables.
En primer término, es imperativo conservar los bosques y humedales de la región, lo que simplemente implica cumplir con la legislación ambiental vigente que  prohíbe su tala y su drenaje, respectivamente.  En segundo término, es urgente crear nuevas áreas protegidas en los Llanos Orientales, puesto que su único parque nacional es el Tuparro.  Y se requiere que ecosistemas críticos para la región, por la diversidad de flora y fauna, y por los servicios que prestan como el agua,  se declaren en esta modalidad.
Y por último, los empresarios se deben comprometer en el desarrollo de una actividad agroindustrial que se emplace en el paisaje en forma tal que asegure la protección de los componentes críticos del medio ambiente llanero. Evidentemente, las tecnologías desarrolladas en El Cerrado son promisorias pero es indispensable adaptarlas a las condiciones propias de la altillanura, a partir de la investigación científica y tecnológica.  No se trata de una utopía. Hacer negocios agroindustriales bajo estas premisas  es posible, como se muestra, en este Especial, en el proyecto que está adelantando la empresa  Riopaila-Castilla, con la asesoría de  la Universidad de los Andes, en proyecto que desde su Facultad de Administración  dirige el profesor Germán Andrade.

En pocas palabras, la transformación de la Orinoquia podría llegar a ser un modelo del denominado desarrollo sostenible, en contraste con su tendencia que no es propiamente promisoria. Estamos aún a tiempo.

Manuel Rodríguez Becerra, Especial Semana, Marzo 17, 2013


Este artículo sintetiza algunos de los planteamientos e información desarrollada, en los últimos cinco años,  por el grupo de estudios de la Orinoquia de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes.

Profesor Titular, Facultad de Administración de la Universidad de los Andes.

 

 

Derechos Reservados de Autor. Manuel Rodríguez Becerra. Bogotá, Colombia.
Ultima actualización agosto 2017
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