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Cusiana: y el Medio Ambiente qué

 

Será Cusiana una bendición o una desgracia?  Es una pregunta que se hacen hoy por igual los analistas económicos y los ambientalistas. El cierre o suspensión de pozos en exploración o en explotación, como el caso de Pato I de la British Petroleum en Cusiana. La exigencia de replantear tecnologías en uso, como la efectuada a Oxy en Caño Limón para disposición de aguas industriales. La suspensión de obras civiles asociadas con la actividad petrolera, como la ordenada a la empresa Argosi en el departamento del Cauca. La iniciación de investigaciones por presuntas violaciones al código de recursos naturales por parte de diferentes empresas. La imposición de sanciones, como las multas impuestas a Hocol por derrames en el Huila y a Ecopetrol en Cira, Infantas, Casabe y Cantagallo, por contaminación de ciénagas.

Esas medidas coercitivas impuestas por el Inderena y el Ministerio de Salud, así como otras acciones adelantadas por la Procuraduría, han sido las noticias predominantes en los medios de comunicación sobre la gestión ambiental petrolera.

No pocos ciudadanos incluyendo funcionarios del sector oficial han creído ver en estas acciones una carrera alocada del Inderena y del Ministerio de Salud, que bien podría poner en peligro la bonanza petrolera que se avecina, y que se concentra en particular en el gran Cusiana. Otros las han visto como la prueba de lo que podría ser una inadecuada gestión ambiental petrolera a nivel general y como el augurio del desastre que para nuestros recursos naturales renovables traería el sustantivo incremento de la explotación del oro negro en los próximos años.

Algunos han advertido en todo ello el propósito de las autoridades de mejorar en forma sustancial la gestión ambiental, como condición necesaria para embarcarnos en la nueva era de explotación petrolera. Sin embargo, es necesario subrayar que ese propósito no solo se manifiesta en las medidas de carácter coercitivo, que tanta atención de los medios suelen recibir, sino en los millares de acciones adelantadas con el fin de lograr que las empresas petroleras cumplan con la normatividad ambiental de nuestro país, una meta que de alcanzarse a cabalidad conllevaría un cambio radical de las tradiciones predominantes en el campo.

Un balance negativo

El futuro de la gestión ambiental petrolera debemos prospectarlo a partir de la comprensión de su balance en el pasado, el cual no es el más positivo. Así lo atestiguan, por ejemplo, los campos en concesión que han revertido a Ecopetrol, los cuales acusan en su mayor parte daños ambientales de consideración.

En el Magdalena Medio, lo evidencian las numerosas ciénagas y acuíferos subterráneos arruinados y las tierras contaminadas y erosionadas, así como las millonarias inversiones que está haciendo y deberá hacer Ecopetrol, a su vez responsable de no pocos daños ambientales, para restaurar los deterioros ocasionados. También lo evidencian las comunidades que han sido perjudicadas por diferentes situaciones, como las tipificadas por los derrames de hidrocarburos en las fuentes de agua, con sus graves consecuencias para las actividades pesquera y agropecuaria, y para el suministro de agua de consumo humano.

Parangonando a un columnista de EL TIEMPO, habría, pues, razones para temer que estemos a punto de emprender una travesía de ocho años por un mar de oro negro, turbulento y lleno de peligros ambientales, en el que fácilmente podemos ahogarnos.

Al registrar un balance negativo, hay que recordar que este corresponde a una historia petrolera que se remonta a cerca de ochenta años y hay que entender que no necesariamente el futuro que nos depara Cusiana está signado por lo acontecido. Una parte de los daños se debe adjudicar a las tecnologías disponibles en el pasado que los hacían inevitables; a la poca conciencia ambiental que a nivel internacional y nacional existió durante la mayor parte de este siglo, y a la carencia de políticas de las empresas y el gobierno sobre el particular.

Pero los daños más recientes, los de los últimos 20 años, en buena parte se han debido a la indolencia de las empresas que en ocasiones no han utilizado la mejor tecnología existente en el mercado, o que han incurrido en graves descuidos en su operación.

Y en las dos últimas situaciones entran en juego las negligencias y omisiones en que podrían haber incurrido las autoridades gubernamentales responsables por el control de la gestión ambiental, por no haber hecho en su momento las exigencias requeridas para evitar o mitigiar los impactos ambientales, particularmente desde que entraron en vigencia los códigos de recursos naturales y sanitario, a principios de los años 70. Omisiones gubernamentales que, a su vez, han sido causadas en gran medida por la falta de capacidad técnica del Estado para hacer un adecuado control de la actividad petrolera.

Una gestión sana

Se puede construir una gestión petrolera ambientalmente sana para Cusiana y para los nuevos campos que surjan en otras regiones del país. Es evidente que esta industria conlleva riesgos ambientales inherentes a su operación. Pero es también claro que esos mismos riesgos han conducido a las empresas a desarrollar tecnologías que permiten operar hoy con grandes márgenes de seguridad y niveles de contaminación mínimos, en las actividades de exploración, explotación y transporte del crudo y sus derivados. Se trata entonces de que las empresas socias de Ecopetrol, y la propia empresa estatal, apliquen las tecnologías de punta.

Y para que las apliquen, basta con hacer cumplir nuestra legislación, que es muy razonable si se compara con las existentes en los países de origen de las empresas que operan en Colombia. O en otras palabras, sería totalmente infundado suponer que la rigurosa aplicación de nuestro código podría llegar a ahuyentar la inversión extranjera.

Sobre estas dos premisas: que se cumplan la legislación ambiental y sanitaria y que se utilicen las tecnologías más sanas desde el punto de vista ambiental, han venido actuando las autoridades en Colombia, en la antesala de la bonanza petrolera. Al explicar la política gubernamental en reunión que sostuvimos con los directivos de la British Petroleum, en vista que hiciéramos a Inglaterra con los senadores Claudia Blum y Luis G. Sorzano, les indicamos que solo pretendemos que desarrolle en Colombia una gestión ambiental equivalente a la realizada en ese gran país, donde exhiben casos ejemplares.

Autoridades en acción

El Ministerio de Salud, responsable por lograr el cumplimiento de las normas sanitarias y el uso del recurso atmósfera, había intervenido muy poco en el pasado en el control de la gestión petrolera, lo que en la práctica significó que hasta hace dos años la casi totalidad de pozos en operación en el país que se acercan al millar no contaban con las licencias correspondientes.

Situación que ha sido causa de no pocos traumas, pues se ha encontrado que algunos de los pozos en funcionamiento no cumplen con los requisitos sanitarios mínimos, ni con las disposiciones de emisiones atmosféricas, lo que ha llevado en unos casos a su suspensión y en otros a establecer un plan de cumplimiento.

Inderena viene actuando en el seguimiento de la actividad petrolera desde hace diez años, adquiriendo una valiosa experiencia y registrando no pocos logros. Sin embargo, ha sido necesario intensificar esa acción y adelantar un proceso de revisión de sus políticas y procedimientos, con el fin de llenar algunos vacíos y alcanzar una mayor eficacia en el ejercicio de sus múltiples responsabilidades, que incluyen el otorgamiento de la licencia ambiental y otros permisos relacionados con el uso de los recursos naturales renovables implicados por la actividad petrolera remoción de la capa vegetal, vertimentos, uso de aguas, etc.. En particular, ha liderado el ajuste de las instituciones ambientales a la gran actividad que comienza y se avecina.

Por iniciativa del Inderena se creó el Comité Interinstitucional Petróleo-Ambiente, que pretende coordinar las acciones de las diferentes entidades estatales responsables de la gestión ambiental y de dar una mejor atención al usuario, que con frecuencia se ve enfrentado a una tramitología que carece de la suficiente agilidad y eficiencia. Así mismo, se creó el Comité Industria Petrolera-Gobierno como ámbito de intercambio de experiencias y de concertación.

Además de revisar los procedimientos y trámites, el Inderena se dispone a crear una unidad ambiental especializada en pertróleos, como simiente de la que funcionaría en el Ministerio del Medio Ambiente. Este punto es fundamental: se requiere dotar al Estado con una alta capacidad técnica, como condición necesaria para cumplir los objetivos propuestos, en la gran expansión de la actividad que se aproxima.

Razones optimistas

Han servido para algo tantos cierres, suspensiones, sanciones, etc., y las otras medidas aludidas? Han servido para algo los millares de acciones adelantadas por las autoridades con el fin de buscar el cumplimiento de la normatividad ambiental, las cuales sólo excepcionalmente concluyen en las medidas coercitivas registradas por al prensa? Quien haya visitado a Cusiana hace dos años y le visite ahora puede darse cuenta. Mencionemos el caso de la British Petroleum, la empresa líder. Se encuentra utilizando tecnologías de punta en la exploración, como las de ciclo cerrado para el uso y el tratamiento de aguas y lodos; en la explotación, como las de reinyección de aguas; y está desarrollando innovativas estrategias para la optimización de los usos de los espacios.

Si continúa en la tendencia mostrada en este período, la BP bien podría constituirse en uno de los buenos ejemplos de la gestión ambiental, y en punto de referencia para las otras empresas. Claro está que le falta un largo camino para recorrer: la construcción de los campos de producción, el manejo de las vías de acceso, y la puesta en operación de la totalidad del complejo.

S identifican también trabajos muy satisfactorios en materia de restauración de los daños legados por la larga historia petrolera. Entre ellos, los procesos de recuperación de ciénagas en que viene empeñada Ecopetrol, y el manejo ambiental que realiza la Texas, como producto de la concertación con las comunidades afectadas, en un área del Magdalena Medio que ha sufrido impactos ambientales en los últimos 40 años. Pero estos buenos ejemplos son apenas el inicio de una era de la restauración que tomará muchos años y exigirá cuantiosas inversiones.

Se podrían traer a cuento muchas otras ejecutorias adelantadas por diferentes empresas con las cuales el Inderena y el Ministerio de Salud han venido trabajando en forma conjunta y silenciosa en diversos frentes, en una tarea que paso a paso ha encontrado una adecuada comprensión y una positiva respuesta por parte de las multinacionales y Ecopetrol. Estos buenos indicios nos indican que si perseveramos, podríamos tener un futuro ambiental despejado en materia petrolera en la época del gran Cusiana.

Manuel Rodríguez Becerra *
Publicado en El Tiempo. 18 de julio de 1993

(*) Gerente general del Inderena

 

 

 

Derechos Reservados de Autor. Manuel Rodríguez Becerra. Bogotá, Colombia.
Ultima actualización agosto 2017
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