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¿A quién le importa la biodiversidad?
 

Colombia es el segundo país más rico en biodiversidad (un término que captura, a la vez, la diversidad de ecosistemas, de especies de flora y fauna y genética), pero los colombianos hacemos muy poco para protegerla.

El creciente proceso de deterioro de nuestra biodiversidad no es ninguna noticia, pero inevitablemente será reiterado en la ‘Cátedra Colombia Biodiversa’, que inaugurará el próximo 27 de agosto el doctor Edward O. Wilson, uno de los científicos más prominentes del siglo XX y, hoy, profesor emérito de la Universidad de Harvard. La cátedra, creada por la Fundación Alejandro Ángel Escobar, es una iniciativa de Cristian Samper, Secretario Encargado del Smithsonian Institution, que tiene como propósito contribuir a crear conciencia entre los colombianos sobre la importancia de conservar este singular patrimonio natural.

Se requieren iniciativas que, como esta, ayuden a crear las condiciones para impedir que continuemos en la ruta de destrucción y degradación de la mayor riqueza natural de Colombia tal como se evidencia en cientos de hechos cotidianos. Basta con recordar la lamentable gestión ambiental de la empresa carbonera Drummond en su mina y en su puerto. O la tala de valiosos bosques naturales para plantar palma de aceite en el Pacífico. O la política de construcción de nuevos puertos que en el caso de Palermo atenta contra el sistema de humedales del Parque Salamanca, y en el caso de Bahía Málaga constituye una amenaza para este hábitat de la ballena jorobada. O el irresponsable otorgamiento de títulos para la explotación minera en áreas de especial importancia ecológica. O la reciente tala de varios miles de frailejones en el Páramo de Rabanal por cuenta de Acerías Paz del Río.

Seguramente, el Ministro del Ambiente responderá que su estrategia para la biodiversidad está representada en los parques nacionales y que para tal fin proyecta aumentar su presupuesto. Es una loable iniciativa, pero es necesario señalar que el trabajo en las áreas protegidas es solo una parte de las acciones que debe realizar un gobierno para el efecto, y que durante el primer mandato del presidente Uribe la agenda de conservación fue relegada a un tercer plano. Ello llevó a que se frenaran acciones emprendidas con base en políticas ambientales expedidas a lo largo de los años, como las de humedales, páramos, manglares y zonas costeras. Estas contemplaban estrategias para contribuir a detener y reversar la pérdida de la biodiversidad que las autoridades ambientales venían implementando en forma paulatina y con mucho esfuerzo.

¿Por qué no se volvió a hablar de la protección de la fauna y del control de su tráfico ilícito? ¿Por qué se ha olvidado la restauración de zonas degradadas? ¿Por qué los recursos hidrobiológicos (incluidos los pesqueros) desaparecieron de la agenda y se encuentran en un limbo en el que ni el Ministerio del Ambiente ni el de Agricultura se sienten dolientes? Si bien el capítulo ambiental del nuevo Plan de Desarrollo retoma algunos de estos temas, sus buenas intenciones arriesgan de quedarse en el papel.

Por lo anterior, la conferencia del profesor E. O. Wilson en la ‘Cátedra Colombia Biodiversa’ tiene un gran significado. Se trata de uno de los biólogos contemporáneos que ha tenido un mayor impacto en la conformación de una conciencia global sobre el imperativo de conservar la biodiversidad, a partir de sus innumerables y únicas contribuciones científicas. Además de su genio para la ciencia, es un dotado escritor, con dos premios Pulitzer a su haber, y un creativo pensador sobre el futuro que ha preferido no tomar la fácil senda de esbozar escenarios sobre eventuales catástrofes ambientales, y más bien la de proponer soluciones para detener el declive de la biodiversidad y asegurar que esta contribuya a mejorar la calidad de vida de la humanidad.

Manuel Rodríguez Becerra
Publicada en El Tiempo. 19 de agosto de 2007

 

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Ultima actualización agosto 2017
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