Inicio

Textos ambientales

Novedades

Columnas El Tiempo

Minería

Reserva van der
Hammen

Artículos de prensa

Libros completos

Colombia

América Latina y el
mundo

Entrevistas

Manuel Rodríguez

Hoja de vida breve

Hoja de vida

Bibliografía

Contacto

Historia empresarial

Documents in English

Causas y proyectos

Páginas recomendadas

Créditos

Buscar

 

La agonía de la Ciénaga Grande
 

Los manglares de la Ciénaga Grande de Santa Marta de nuevo están muriendo masivamente. No existe un solo rincón en donde no se encuentren manglares muertos o en agonía. Tuve oportunidad de observarlo a través de las imágenes tomadas por un dron, las que estuvieron acompañadas por el testimonio personal de Sandra Vilardy, quien, con un grupo de profesores de la Universidad del Magdalena, está preparando un informe sobre la situación actual de la Ciénaga. El paisaje es desolador.

En Alfandoque, una de las ciénagas que conforman el corazón del humedal Ramsar, encontraron lugares donde la falta de oxígeno y el exceso de sal impiden el mantenimiento y desarrollo de la vida (0,6 mg/l de oxígeno disuelto, cuando se requieren 4 para que haya vida, y una salinidad de 80 unidades, casi tres veces la del mar). Es un dramático problema socioecológico, ya que las comunidades de pescadores de la Ciénaga –víctimas de indecibles sufrimientos como consecuencia de la guerra– están atravesando una disminución acelerada de su sustento fundamental. La hambruna está ‘ad portas’.

Necesario es recordar que la Ciénaga es el ecosistema delta-lagunar más extenso en el Caribe colombiano, y que se caracteriza (¿o se caracterizaba?) por una gran riqueza en biodiversidad. Tiene un área aproximada de 4.900 km², de los cuales más de 700 km² son espejos de agua de más de 20 lagunas interconectadas entre sí por una red de caños. En ella se mezclan flujos de agua salada y de agua dulce: los primeros provienen del mar Caribe, a través de varias entradas naturales que atraviesan la isla de Salamanca, y los segundos llegan por el oriente de los ríos y riachuelos que bajan de la Sierra Nevada de Santa Marta y, por el occidente, de canales del río Magdalena. En la Ciénaga existen dos áreas protegidas: Vía Parque Isla de Salamanca y el Santuario de Fauna y Flora.

En los años ochenta la Ciénaga entró en crisis cuando miles de hectáreas de manglar murieron como consecuencia de la salinización del agua, ocasionada por la construcción de la carretera Santa Marta-Barranquilla y de la carretera de la margen derecha del río Magdalena, que taponaron aquellos flujos de agua. En los noventa, con un cuantioso crédito del BID y en asocio con la GTZ, se rehabilitaron cinco caños de conexión con el Magdalena, se adelantó un ambicioso programa de restauración de los manglares y se ofreció apoyo a los pescadores.

El necesario mantenimiento de esas obras, a cargo de Corpamag, no se hizo como estaba planeado. Pero este es tan solo el comienzo de los agravios a la Ciénaga en el último decenio. El año pasado estalló el escándalo de las decenas de kilómetros de diques construidos, debajo de las narices de las autoridades, para robar área a la Ciénaga para la ganadería. Y en el mismo año se comenzó a ampliar la carretera de la margen derecha del Magdalena, la vía dique La Prosperidad, sin licencia ambiental ni concepto del Minambiente, obstaculizando aún más su comunicación con el río. Y en la ampliación de la carretera Santa Marta-Barranquilla se reeditarían los mismos errores de hace cuarenta años, si Mintransporte insiste en su diseño.

La situación se ha agravado en grado sumo como consecuencia de la fuerte sequía de los cuatro últimos años, a la que se ha sumado la sustancial disminución de la provisión de agua dulce por los ríos de la Sierra y del sur, generada por los diques y represas ilegales de arroceros y palmeros.

La agonía de la Ciénaga Grande de Santa Marta es el producto de una atroz mezcla de irresponsabilidad, desidia y corrupción empresarial y gubernamental. La Ciénaga agoniza como un trágico símbolo de un país que está arrasando con su privilegiado patrimonio natural.

 

Manuel Rodríguez Becerra
Publicada en El Tiempo, 23 de mayo de 2016
.

 

 

Derechos Reservados de Autor. Manuel Rodríguez Becerra. Bogotá, Colombia.
Ultima actualización agosto 2017
Diseño, concepción y gestión de contenido: Katherine Ríos